Creatividad emotiva, creatividad empática.

 

Esto me pasó a mi y puede que os ayude a encontrar el acierto en la creación de oportunidades de negocio, métodos de venta o un fantástico logotipo.

Durante mi etapa como maître en un céntrico restaurante bilbaíno, mi cometido, entre otros, fue conectar la filosofía de la casa con los comensales (frase que utilizamos los jefes de sala para decir de forma fina, vender comida y bebida). El fin último era lograr que la gente volviese, cerrando el círculo de una venta efectiva (producto+cliente).

Enseguida entendí que necesitaba un estilo propio de venta y utilicé dos variantes de mi creatividad, denominándolas emotiva y empática.

creatividad-empatica

En un primer momento, fruto del ímpetu y la emoción, tocaba la primera de ellas…

Siendo conscientes de que uno de los motores del proceso creativo es sin lugar a dudas la imaginación, y utilizando como combustible mis emociones, logré vender sin demasiado esfuerzo. Pero descubrí que las personas que consumían el fruto de mis emociones eran las afines a mis principios, viendo limitado mi campo de acción efectiva. Terminé vendiendo esa comida estupenda, mediante métodos de acción imaginativos, sorprendentes y algo narcisistas a mis emotívamente compatibles clientes. Craso error, amigos lectores…

Me paré a pensar en que teniendo la suerte de poder disfrutar de mi trabajo, dí rienda suelta a mi creatividad, pero cometiendo el error de no contar con las emociones de mis comensales.

Entonces decidí utilizar la segunda variante y comencé a escuchar a la gente e involucrarme participando de forma afectiva en su realidad.

Comencé por sentar a los camareros en una mesa y servirles un menú degustación. De esa manera pude descubrir, al interrogarles, aspectos que escapaban a mi percepción. Fue esa la parte del proceso empático que denominé, con más o menos acierto, “heredado”. Después me senté yo y me sirvieron. Un mundo de posibilidades y preguntas se abrió ante mis ojos, y pude ver las pistas que necesitaba para emprender mi fase de creatividad empática.

Hice mías las necesidades del cliente, cambié pensamientos como “qué calor hace en este salón para trabajar” por “hace calor para comer a gusto”, escuché y la conexión fue más fuerte y duradera reforzando la fidelidad y la confianza, aprendí de ellos lo que realmente demandaban y esta vez el combustible fueron sus emociones filtradas por las mías alimentando mi imaginación y creando modelos de venta versátiles y efectivos.

Si creas para ti utiliza la primera variante, si lo haces para otro te recomiendo utilizar la segunda.

 Asenjo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *