Parafilia creativa

Me produce tremendo placer observar el proceso creativo ajeno, quizá por mi espíritu científico o puede que sea uno de mis múltiples sustitutos del sexo ( homenajeando a Freud ). Este comportamiento es, en mi caso, parafilia fértil y positiva constituyendo un alimento para mi mente sana. Es hermoso ese momento íntimo entre el creativo y el amasijo rebelde de su inspiración, resistiendo cada embate y sucumbiendo ante la posesión mental… me estoy poniendo cachondo.

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En cierto modo soy voyeur, que suena sucio, pero que en realidad quiere decir que soy observador. Además obtengo placer haciéndolo, no lo niego, y si el observado es exhibicionista creativo, la experiencia será positiva y abrirá nuevos caminos, excitando de forma interactiva la génesis de nuevas ideas.

Algunas veces el observado se reserva su derecho a la intimidad y en estos casos le dejo solo con su onanismo.

En todo creativo hay un exhibicionista y un voyeur, que gusta de ser observado en pos de su ensalzamiento, como resultado de cierta generosidad, o para alimentar su ego frustrado; que busca placer en la belleza de lo creado por otro ser como él, dando sentido a su compulsión creativa.

Hoy os regalo una cita, recién nacida  de este artículo, susurrada por mi genio personal, que comparto con mis almas gemelas, creativos lectores, “observadores” de mi proceso creativo.

“A veces nuestra obra maestra nos lleva toda una vida, y es ese viaje lo creado, visitando y viviendo otras obras, otras vidas.”

 Asenjo.

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